Lenta búsqueda de cuerpos tras tragedia

Equipos de manejo de emergencias del ejército mexicano trabajan bajo fuertes lluvias y entre montones de lodo para recuperar cuerpos.

Lenta búsqueda de cuerpos tras tragedia
Crédito: AP
Por AP 6 de agosto de 2014

LA PINTADA, México — Catorce horas por cadáver. Ese ha sido el tiempo que tardan los equipos de rescate, usando palas, equipo hidráulico y todo lo que pueden, para sacar a las víctimas de un deslave que sepultó al pueblo cafetalero de La Pintada, donde se han reportado 68 personas desaparecidas.
Equipos de manejo de emergencias del ejército mexicano que trabajan bajo fuertes lluvias y entre montones de lodo apoyados por cinco perros entrenados recuperaron el domingo el cuerpo de un hombre atrapado por el derrumbe de una casa. El sábado sacaron los restos de dos mujeres que quedaron enterradas cerca de un jardín de niños; el segundo cadáver estaba cubierto por un metro de tierra y se cree que los de dos niños están cerca.
El teniente Carlos Alberto Mendoza, quien encabeza el equipo de 16 integrantes, dijo que esta es la mayor tragedia que ha visto en sus 24 años en el ejército. "Están haciendo un trabajo increíble, horas y horas de labor para sacar un cuerpo", dijo a The Associated Press. "No importa lo mal que esté el clima, nunca se cansan".
La Pintada fue escenario de la peor tragedia provocada por Manuel e Ingrid, las dos tormentas tropicales que azotaron a México por sus dos costas hace una semana, provocando inundaciones y aludes de tierra en una tercera parte del país. La cifra de muertos llegó a 101, sin incluir a los cinco policías federales que murieron al estrellarse el helicóptero que los transportaba a la Pintada durante una misión de rescate.
El secretario de Gobernación (Interior) de México, Miguel Osorio Chong, dijo a la prensa que la cifra de muertos puede llegar a 200 en los próximos días, cantidad similar a la cobrada por el huracán Paulina, que golpeó al mismo estado de Guerrero en 1997 y causó uno de los mayores desastres naturales.
Sobrevivientes refugiados en Acapulco recordaron que una ola de barro, rocas y árboles arrancados por la lluvia arrasó el centro del pueblo, sepultando casas enteras con sus pobladores adentro y arrastró las casas de madera hacia el río que pasa cerca de la aldea en su camino hacia el Pacífico.